Silverio con su irreverente show llegó el sábado al Club Atlántico en su tradicional fiesta sin pantalones.

Aunque la logística o causas desconocidas hicieron que el joven originario de Chilpancingo saliera dos horas tarde, el público que estaba impaciente pero alcoholizado esperó a la salida al escenario de “Su Majestad Imperial”, llegando y sin dar explicaciones por la tardanza empezó la fiesta con “Yepa yepa yepa” gritándole a los presentes que bailaran con huevos, y este a su vez le reprochaba a lo que el contestaba con alguna mentada de madre, risa, burla, o señal; El baile del diablo, Perro y Salón de belleza (estos dos ultimos temas de su ultima produccion) sonaron sin piedad. La gente vitoreaba feliz bailando y sudando.

Silverio interactuaba con todos, como si los conociera, tomaba, escupía, se contoneaba, tomaba, saltaba de un lado a otro, tomaba, se subía a la tornamesa y tocaba con el pie, tomaba, se moría de risa y … ¿Ya mencione que tomaba?

De llegar con su traje dorado con lentejuelas, poco a poco se fue despojando del mismo, vislumbrando así su orgullo chelero, evidencia de mucha fiesta, con su actitud anti-cool siempre, deleitando con su música que el autodefine como electrónica de la era de las cavernas, siguió con Naylons, y Bombeando en Masaryk siempre abusando del uso del sampler y del sintentizador, sin parar de bailar, pareciera que ese hombre no se cansara nunca, terminó asi con su ya conocidísima truza roja para estar a doc con todos los asistentes que llevaron sus mejores chones pa’ enseñar.

Eso si, sin tocar porfavor, que mayuga la mercancía.

Por Ximena Arroyo

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